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Uruguay: Por una izquierda que ose decir su nombre

Uruguay: Por una izquierda que ose decir su nombre Hugo Cores
Brecha

De ganar, el del Frente Amplio (FA) no será un gobierno apacible. Enfrentará una oposición venezolana. Así que, además de pensar en triunfar, debemos ver cómo salimos airosos de la prueba del gobierno, del buen gobierno.

No creo que alcance con pedirle paciencia a la gente, precisaremos iniciativas, alertas críticos y movilización. Antes y después de las elecciones.

El FA está sufriendo en su interior cambios y desplazamientos. Por un lado la acción política y parlamentaria de los que han hecho de la búsqueda de la concordancia con los partidos tradicionales su principal señal de identidad. Por otro, los compañeros que ponen cada vez más el acento en la necesidad prioritaria de dialogar con los partidos tradicionales, de devaluar las expectativas en lo que podría hacer el FA en el gobierno y en buscar la reconciliación con los responsables de los crímenes de la dictadura sobre la base del olvido y la negación.

Como se ve, una singular disputa interna en la que los méritos los otorgan los de afuera, y comienzan con la premiación mediática. Un pancracio para ver quién se presenta como más centrista y más dotado para el arbitraje, y no entre quienes se proponen organizar las fuerzas propias para la victoria. El objetivo parece ser "que pase poco". Como resultado de este deslizamiento, se ha desbalanceado hacia el centro-derecha el peso relativo de las fuerzas que componen el FA.

Al mismo tiempo, en relación con algunos de los problemas del país, está faltando una propuesta de movilización clara de la izquierda. La movilización no resulta funcional al objetivo "que pase poco". Creo necesaria la acción orientadora radical (de raíz) de una izquierda creadora de opinión, que ose decir su nombre, reivindicar su identidad y templar el ánimo de su gente para impulsar un programa de cambios populares.

A la vez, no creo que sea fecunda la actitud de situarse siempre como fiscal externo de la acción del FA. La experiencia reciente, y de otros congresos, en la elaboración política y programática del FA nos ha mostrado la importancia de discutir en procura de aunar posiciones. Interactuar, intentar influir en las otras fuerzas que componen el FA. No temer ni rechazar ser influido por los otros. No temer ni rechazar el logro de acuerdos para unir fuerzas y crear luego hechos nuevos de movilización. Ésa nos parece una clave del potencial que hoy tiene el FA. Por el contrario, el testimonialismo y la simplificación "ultra" tienden a reforzar los factores de desmovilización y apatía.

EL DESPOJO SOCIAL "POR LA VÍA PACÍFICA". En estos últimos años se ha acentuado la dependencia financiera de Uruguay con relación a los acreedores y los organismos internacionales bajo cuya autoridad virtualmente indiscutida se encuentra el país. También la fuga de capitales de quienes, teniéndolo, no apuestan a la viabilidad del país. Empresarios ávidos de lucro, con una diluida noción de patria a la que, no obstante, no dejan de invocar en pos del sacrificio ajeno.

Esta situación ha llevado al crecimiento de la marginalización y la miseria. Siendo un hecho de tanta gravedad y tan a contracorriente de las tradiciones sociales del país, este ha sido un proceso social silencioso, desdramatizado, carente de fechas, sin nombres ni lugares de la memoria.

Este proceso de desalojo hacia la periferia (no se trata, como ocurre en otras partes, de "impedir que entren" sino de expulsión de los que ya estaban adentro) ha sido de carácter legal y gradual, en cumplimiento de las normas de nuestro régimen "democrático republicano" y en "el respeto del sistema de garantías que protege a los ciudadanos".

Esta democracia que ejecuta una contrarrevolución social pacífica, legitimada desde el Estado de derecho, es un rasgo característico del Uruguay actual. Sobre esta situación falta denuncia y prédica política. Y para el FA es un desafío esencial el hecho de que una parte significativa de esta población está carente, también, de representación política.

PÉRDIDA DE CIUDADANÍA. El incremento de la desigualdad social generado por las políticas neoliberales no será fácil de revertir. Y sinceramente no creo que alcance con invocar los valores de la "armonía" social ni los del patriotismo. Requerirá, además, movilización y luchas populares, inteligentemente orientadas y con sentido de unidad.

Se habla con insistencia de la reactivación productiva, pero muy poco del aumento de los salarios y las jubilaciones, cuyo deterioro persistente es un factor de pobreza y de estancamiento importante.

El deterioro del país productivo, con el crecimiento de la desocupación que esto provocó, ha tenido consecuencias sociales diversas que tienen en común la expulsión de algunos sectores sociales del ejercicio de la ciudadanía, la marginalización, el crecimiento de la población carcelaria y la masificación del exilio económico. Marginados, presos y exiliados no cuentan en las relaciones de fuerza entre las clases.

EL INSTRUMENTO FRENTE AMPLIO. El EP-FA y sus eventuales aliados tendrán que emprender una acción de gobierno para la que no alcanzará con instalar al frente de la administración y en el Parlamento a un elenco de hombres honrados y capaces. Logro que, a lo visto, ha resultado menos fácil de lo que creíamos.

Será necesario mejorar nuestro diálogo con la sociedad, el funcionamiento de los comités de base, así como contribuir al fortalecimiento de las organizaciones sociales, empezando por los sindicatos.

El objetivo es impulsar en la sociedad uruguaya una nueva cultura de la contestación y la participación política, cultural y gremial con un sentido de defensa de la soberanía nacional, de lucha por la justicia social y la profundización de la democracia.

Salvo pequeñas excepciones, el espacio de la comunicación está perdido, nos es ajeno. El oligopolio mediático es visceralmente contrario al cambio, se desentiende de todo lo que no sea el lucro y desestima la identidad cultural del país, a la que sabotea en aras de una deplorable sumisión a lo extranjero.

Vista a partir de los informativos de los canales 4, 10 y 12 la realidad del país se pulveriza en miles de interjecciones delirantes, carentes de continuidad y de sentido. La pulverización y la pérdida de sentido son funcionales al proyecto de desmovilización conservadora.

EL FA Y EL REFÉRENDUM CONTRA LA LEY DE ANCAP. El gran esfuerzo militante realizado durante más de un año y medio ha permitido salir de la modorra e instalar un clima nacional de mayor interés por las cuestiones políticas.

El deshielo propició la salida pública de varios de los dirigentes políticos del privilegio. Su reaparición permitió confirmar y ahondar su desgaste: no dicen nada nuevo y el cómo lo dicen empalaga y sulfura hasta a los más sosegados.

También, como esperábamos, el debate permite analizar otros problemas que hasta ahora no habían accedido al primer plano, como ser el destino de las empresas públicas, la necesaria reforma del Estado, el rol que cumplirían esas empresas en una estrategia progresista. También acerca de los negociados del directorio anterior de ANCAP y la vinculación de esas conductas dilapidadoras con los fenómenos más generales del clientelismo y la corrupción.

EL FA Y LAS PRÓXIMAS ELECCIONES. La controversia sobre ANCAP dio lugar también a otra exteriorización de la disidencia de Danilo Astori. Como en 1996, cuando llamó a votar con blancos y colorados contra el FA y ayudó a implantar la segunda vuelta presidencial, el movimiento de Astori, quien no cesa de proclamarse frenteamplista, cabalga sobre un sofisma: al hacer la apología de la política de acuerdos con blancos y colorados, omite señalar que su consenso hacia afuera se nutre de la ruptura de los acuerdos internos del EP-FA, y conlleva su alineamiento contra las posiciones y los intereses políticos del FA.

Instalado como una minoría que, cuando lo cree conveniente, vota y llama a votar contra el FA, Astori nos ofrece como perspectiva la inestabilidad permanente para un gobierno del FA: sería muy difícil que la izquierda, además de lo que obtenga Astori, obtuviera el 50 por ciento de los votos en la primera vuelta. Lo lógico es que Asamblea Uruguay obtenga uno o dos senadores y cinco o seis diputados, que a partir de 2005 serán imprescindibles para lograr mayorías parlamentarias.

Estos legisladores ¿con quién votarán cuando el FA se enfrente a las resistencias de blancos y colorados? ¿O sólo impulsaremos desde el gobierno aquellas decisiones políticas y parlamentarias que tengan el visto bueno de los partidos tradicionales para lograr con ellos los elogiados consensos?

Buscando el empate con los representantes políticos de lo viejo ¿podremos iniciar el camino hacia lo nuevo?

Apenas esbozados en estas líneas, cada uno de estos temas admite y reclama mayor desarrollo.

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